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José Antonio Troya "Vistazos Interrumpidos" del 26 de octubre al 19 de noviembre de 1999 |
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Formada en su totalidad por pinturas sobre papeles de poliéster de gran tamaño suspendidos directamente en las paredes de la sala, "VISTAZOS INTERRUMPIDOS", como el propio título sugiere, suscita en el espectador una serie de reflexiones acerca del fenómeno perceptivo y de sus intromisiones en lo que atañe, por ejemplo, al origen de las cosas, al cómo toda información del exterior puede ser vista (en este caso entre-vista) como in-formación, como no formación (o como formación en constante mutación), como comunicación sesgada, como desintegración de expectativas con respecto a una utópica idea de verdad racional, de veracidad visiva. Así, en esta suerte de juego de truncamientos y frustraciones acerca de un casi imposible alumbramiento de un algo que por un momento pueda ser globalmente percibido, de un algo definitivamente congelado -en la línea de esa congelación de iconos que es la historia del arte tradicional- y eternamente construído, se suceden en lo formal horadamientos y transparencias, formas (o mejor, no formas, o "antiformas") que en su propio dibujo se desdibujan y derriten, como en una paradójica lucha contra las propias leyes constructivas que son la esencia de la misma técnica dibujística. Antiformas que fluyen y flotan en unos espacios de perspectivas punteadas, de espacios no alineados con la convención de la delineación, de estancias esbozadas, adivinadas entre tinieblas, entrevistas en la niebla, ¿soñadas? "VISTAZOS INTERRUMPIDOS", entonces, se nos muestra (y en ese mismo sentido parece redundar la "mise en scéne" de las obras en el espacio expositivo) como manifiesto en defensa de la precariedad, como un elogio de lo cambiante y lo impreciso, seguramente ideas todas ellas en contradicción con la misma esencia del arte escrito con mayúsculas y con un magma social que tiene en la idea de "seguridad" los pies fuertemente anclados. Ídolos con los pies de barro, iconos mentalmente resbaladizos, escenas del fracaso, frases de un diálogo que nunca llega a producirse, estas obras desfilan ante nuestros ojos como lo hacen las imágenes de la sombra, o aquellas, no menos desdibujadas y borrosas, que transitan en el interior de una cámara oscura metafóricamente situada en medio de La Rambla, o en una fábrica de caramelos, si se quiere. |