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exposició

El gato de Kirkegaard, el vino de la fiesta de San Martín y otras realidades frías
Benxamín Álvarez

del 12 de mayo al 2 de junio de 2018

 
 

Decía Georges Perec que las coincidencias en el espacio y el tiempo eran hechos menos excepcionales de lo que nos atrevemos a reconocer. Atribuirles la condición de "felices" (casualidades) o "nefastas" (fatalidades) era algo que, afortunadamente, correspondía más a la literatura que a la ciencia. Ahora nos encontramos en una de estas agradables sinapsis: confluyen en ella la muestra del trabajo más reciente de Benxamín Álvarez con la presentación del sexto número de nuestra revista "La Conxinxina". Este segundo factor, titulado "La foto movida", nos habla de la Postverdad y tiene a la fotografía como invitado de honor (siempre a medio camino entre la documentalidad pericial y la experimentación plástica más atrevida, adentrándose en arriesgados y ajenos terrenos tecnológicos). Del primer factor, el principal, con un título difícil de resumir, nos habla el propio autor. Benxamín Álvarez es una de las almas fundamentales y más tenaces de este proyecto de más de veinte años que es La Xina A.R.T. y, además de ser un inmenso escultor (oficio que requiere una capacidad sintética similar a la poesía y, al mismo tiempo, una exigencia física propia de un titán) sabe, felizmente, describirnos, sin cripticismos ni parafernalia autocomplaciente, su propia obra, lo cual nunca es sencillo:

"La ciencia es una forma de conocer la realidad, el arte también. La ciencia pretende un conocimiento objetivo. El arte no tiene esta necesidad. Es subjetivo, pero va mucho más allá del sujeto y también del objeto. El arte es interpretable, incluso en sentidos opuestos. No intenta afirmar, ni aclarar, más bien plantea preguntas. En el proceso creativo pueden confluir varias ideas e imágenes, que acaban fusionándose, o que se escapan, o que son un punto de partida o un plan necesario, aunque sólo sea para apartarse de él.

El arte debe buscar la verdad, no copiar la realidad. Esta exposición se puede interpretar como una especie de proverbios visuales. Vivimos en un mundo globalizado, inmerso irremediablemente en un proceso de cambio climático, con los consecuentes desastres ecológicos fruto de la insaciable codicia humana. Vivimos en un mundo en el que la tecnología controla gran parte de la realidad, convirtiéndola en virtual, manipulable y controlable algorítmicamente. Vivimos en unos tiempos en los que las pantallas reemplazan la realidad, con predominio de la mentira, la trivialidad y todo lo superfluo. Posiblemente, con este panorama, la ironía y el humor sean una manera de despegar por encima de este anecdótica y grotesca realidad."

En este mundo necrocapitalista (tomando prestado la sugerente terminología de la filósofa Marina Garcés), más propenso a las retropías que a aventurarse a trenzar nuevas posibilidades de lo que (antes del Punk y el neoliberalismo salvaje) se llamaba "el futuro ", la mirada lúcida y lúdica de Benxamín Álvarez es un regalo luminoso y fresco, como el sol de tormenta, cuya luz irreal y exagerada se abre paso entre las nubes de la tempestad.