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A los tres días de fatigoso camino,
los exploradores trajeron nuevas al general:
habían visto, al fin, extraños hombres
al parecer cubiertos con pieles de lobo
que se escurrían entre la niebla y los castaños.
Lucio Anneo Floro Epítome de la Historia de Tito Livio
2147 años después de que los soldados de la Legión Séptima Gemina, a las órdenes del taimado Quinto Servilio Cepión, penetraran entre las brumas de esta tierra ignota y salvaje, la punta de lanza de otra expedición, mucho más amable en sus propósitos, a lomos de furgoneta se adentra serpenteando entre los bosques y la piedra de este país, antesala sin retorno del fin de la propia Tierra. Aún guiados por pródigos indígenas, las mismas sensaciones que perlaron la frente y erizaron la piel de curtidos legionarios, mezcla indisoluble de atávico temor y efervescente expectación, se adivinan en los ojos atentos de estos modernos pioneros, sabedores de que se internan en un territorio de cuya memoria nunca podrán escapar. Aquellos llamaron a este lugar Gaellecia, estos la llamarán Poemoria . El cónsul Cepión ha pasado a la historia como general mediocre, artero e hipócrita y, quizás por ello, vencedor. Con ardides de zorro sometió a esta tierra de lobos y resumió su truculenta labor con una celebérrima cita: "Roma no paga a los traidores". Este puñado de palabras ejemplificó, como pocos, el despertar atónito de un pueblo intemporal ante un nuevo amanecer de estridente e incomprensible luminosidad: la Civilización. Los antiguos adoradores de Lugh, regente del universo y rey de los dioses, señor de todas las artes y las ciencias, de la tierra, de los viajes y de la invención, conocieron con esas seis palabras la que sería su nueva lengua, el nombre de su metrópoli, para saber a que amo temer o combatir, y la perfidia sutil de nuevas ciencias, llamadas política y economía. En estos tiempos de capitalismo salvaje aquí llegan, por fin, los viajeros de La Xina A.R.T. con un morral lleno de súbitas imágenes y rumiadas palabras y otro adrede vacío para llenarlo de experiencias y visiones y luego exprimirlo para que brote, como un viento, la música coloreada de su recuerdo en otros mares menos azules y en otras tierras más blancas.
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