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BUENOS DÍAS
SOL
es el título de la exposición de TITO INCHAURRALDE
en LA XINA A. R. T.
La exposición nos muestra una serie de pinturas realizadas con
pintura plástica industrial sobre tela, a caballo entre el calor
de la representación naturalista y la apariencia fría de
los mass-media.
El artista en su trayectoria gusta de representar paisajes, bodegones,
retratos y composiciones en las que se conjugan ambos, y si bien hace
uso en ocasiones de la fotografía, ésta queda relegada a
parte del proceso, como instrumento para reconstruir lo que yace en la
mente del artista al margen de la representación de la realidad.
Pintura en ocasiones exasperadamente naturalista en el intento de buscar
el enigma en lo que no se ve, huyendo de los manifiestos, declaraciones
de intenciones, claras ironías u ocurrencias más o menos
simpáticas que destruyen la magia una vez descubierto el código.
En la muestra podemos ver una galería de retratos de niños
preadolescentes, en algunos casos posando para el espectador-espejo que
le devuelve su imagen de crisálida, como en el caso de Lola,
hija del artista que reta con su mirada portando en una mano un cándido
loro de peluche y en la otra arco y flechas en una doble alegoría,
por un lado a la tradición iconológica y por otro la que
cumple en la obra; en otros casos son rescatados furtivamente en actitudes
que precipitan su inminente transformación. En El mar,
una niña en bañador dando la espalda mira a través
de sus gafas de baño el mar representado en una pintura, con semejante
actitud con la que miran la naturaleza los solitarios personajes en la
obra del pintor romántico Friedrich, personajes que nos recuerdan
la definición de Novalis: Dando a lo bajo un sentido superior,
a lo ordinario un aspecto misterioso, a lo conocido la dignidad de lo
desconocido, a lo finito la apariencia de lo infinito,
que
en el caso de la composición de gran formato El final del
verano, transmuta el juego infantil de un partido de fútbol
a través de las miradas graves y el gesto contenido de los personajes
en una pintura de género, en un cuadro de Historia. En esta forma
de representar, el artista nos tiende una línea desde la tradición
pictórica que subyace en el fondo del cuadro, hasta la capa externa,
velada por masas de color plano brillante e uniforme propio de la abstracción
postpictórica, el arte minimalista o el diseño contemporáneo
como promesa de un futuro incierto.
Un intento de recrear la ilusión de que la pintura aún no
ha muerto y que a quienes la conocen y disfrutan les basta una frase ocurrente
como ésta de Francis Picabia para seguir insistiendo: Puedes
fotografiar un paisaje, pero no puedes fotografiar el interior de mi cabeza.
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