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nota de prensa
David Tarancón / Quejíos / del 25 de mayo al 26 de junio de 2004

“¡QUEJÍOS!” es el nombre de la nueva obra de DAVID TARANCÓN en LA XINA A.R.T.

Presenta TARANCÓN estos “¡Quejíos!” de una Barcelona mestiza y colorista estructurados en torno a una serie de obras pintadas al óleo en diversos tamaños. Como va siendo habitual en este pintor – recordemos su pasada exposición “¡Huojba! –, el soporte utilizado es blando. Las ventajas técnicas de este soporte son indudables: los colchones se dejan aguijonear como acericos y funcionan como base de delicados bordados en seda. Pero “¡Quejíos!” es una obra muy novedosa por varias razones; por un lado, la composición: el pintor ha abandonado el “horror vacui” de sus trabajos anteriores en favor de unas imágenes aisladas, casi solitarias; por otro lado, el color: de los grises y rojos anteriores a los azules, granates, verdes, naranjas y amarillos de la obra aquí presentada. El mismo artista se declara un “voyeur” incansable y un eterno caminante del Raval barcelonés. Es posible que los murales de graffiti – ¿quién no se ha sentido cautivado por ellos caminando por la vieja Barcelona? – influyeran en el sorprendente enriquecimiento de la paleta de TARANCÓN.

La obra se presenta en tres grandes piezas alrededor de las cuales gira una serie en tamaño más pequeño (unos “quejiíyos”); unos patinetes pintados y bordados completan la composición. Hay que apuntar que los mencionados patinetes constituyen el embrión de esta obra, que posteriormente se desarrolló en formatos más amplios. Todas las piezas forman un conjunto, se diría casi que constituyen la superficie de un gran espejo roto, en cuyos fragmentos se reflejan las imágenes hasta el infinito.

Un Pantocrator convertido en “cantaor” gitano muestra impúdicamente su corazón abierto (¿”partío”?) a los patinadores del MACBA. En estos “skaters” y en su adoración por Camarón de la Isla – al cual incluso llevan tatuado en sus cuerpos – se inspiró el artista para crear un Cristo aflamencado y socarrón, algo amedrentador, parapetado tras una sonrisa equívoca. Los tatuajes aparecen simbolizados en la firme silueta negra de las figuras y en los alfileres que se van clavando en ellas, despertando los “quejíos” de la tela.

Un asno goyesco preside los bombardeos aéreos montado en su estulticia; impertérrito, báculo de mando en mano, el pollino contempla indiferente y altivo la destrucción por él creada. Líneas azuladas (columnas de humo de lo que ya dejó de ser), puntos y alfileres (cada cabeza de alfiler es el lamento silenciado de una víctima) dan cohesión y movimiento a esta composición irónica que se nutre del Goya más satírico.

La tercera pieza, pese a sus suaves colores, no deja de ser espeluznante por lo actual: unos peces vomitan petróleo a un mar en el que, en vano, intenta alzarse un cisne. El animal se ve aprisionado por la mano del hombre, causante de la aniquilación de su medio, e inclina vencido la cabeza sangrante. Simboliza esta tela el “quejío”de la Naturaleza impotente frente a los abusos del ser humano: Prestige, Mar Egeo... y tantos otros nombres que han sembrado de ruina nuestras costas.

La imaginería de TARANCÓN es absolutamente contemporánea, está muy influida por la Barcelona más flamenca y ruidosa: el Raval, sus plazas y muros decorados, su habitantes, su música..., aunque el autor no olvida el marco político en el que se estructura esta realidad. Si comparamos esta exposición con las anteriores, nos llama la atención la evolución del artista desde unas obras de contenido fantástico y onírico, expresadas mediante una paleta casi monocroma y una composición abigarrada, hacia otras más reales y políticas, más críticas con el mundo y más conscientes del universo que las rodea.