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¡QUEJÍOS!
es el nombre de la nueva obra de DAVID TARANCÓN en LA XINA A.R.T.
Presenta TARANCÓN estos ¡Quejíos! de una
Barcelona mestiza y colorista estructurados en torno a una serie de obras
pintadas al óleo en diversos tamaños. Como va siendo habitual
en este pintor recordemos su pasada exposición ¡Huojba!
, el soporte utilizado es blando. Las ventajas técnicas de
este soporte son indudables: los colchones se dejan aguijonear como acericos
y funcionan como base de delicados bordados en seda. Pero ¡Quejíos!
es una obra muy novedosa por varias razones; por un lado, la composición:
el pintor ha abandonado el horror vacui de sus trabajos anteriores
en favor de unas imágenes aisladas, casi solitarias; por otro lado,
el color: de los grises y rojos anteriores a los azules, granates, verdes,
naranjas y amarillos de la obra aquí presentada. El mismo artista
se declara un voyeur incansable y un eterno caminante del
Raval barcelonés. Es posible que los murales de graffiti
¿quién no se ha sentido cautivado por ellos caminando por
la vieja Barcelona? influyeran en el sorprendente enriquecimiento
de la paleta de TARANCÓN.
La obra se presenta en tres grandes piezas alrededor de las cuales gira
una serie en tamaño más pequeño (unos quejiíyos);
unos patinetes pintados y bordados completan la composición. Hay
que apuntar que los mencionados patinetes constituyen el embrión
de esta obra, que posteriormente se desarrolló en formatos más
amplios. Todas las piezas forman un conjunto, se diría casi que
constituyen la superficie de un gran espejo roto, en cuyos fragmentos
se reflejan las imágenes hasta el infinito.
Un Pantocrator convertido en cantaor gitano muestra impúdicamente
su corazón abierto (¿partío?) a los patinadores
del MACBA. En estos skaters y en su adoración por Camarón
de la Isla al cual incluso llevan tatuado en sus cuerpos
se inspiró el artista para crear un Cristo aflamencado y socarrón,
algo amedrentador, parapetado tras una sonrisa equívoca. Los tatuajes
aparecen simbolizados en la firme silueta negra de las figuras y en los
alfileres que se van clavando en ellas, despertando los quejíos
de la tela.
Un asno goyesco preside los bombardeos aéreos montado en su estulticia;
impertérrito, báculo de mando en mano, el pollino contempla
indiferente y altivo la destrucción por él creada. Líneas
azuladas (columnas de humo de lo que ya dejó de ser), puntos y
alfileres (cada cabeza de alfiler es el lamento silenciado de una víctima)
dan cohesión y movimiento a esta composición irónica
que se nutre del Goya más satírico.
La tercera pieza, pese a sus suaves colores, no deja de ser espeluznante
por lo actual: unos peces vomitan petróleo a un mar en el que,
en vano, intenta alzarse un cisne. El animal se ve aprisionado por la
mano del hombre, causante de la aniquilación de su medio, e inclina
vencido la cabeza sangrante. Simboliza esta tela el quejíode
la Naturaleza impotente frente a los abusos del ser humano: Prestige,
Mar Egeo... y tantos otros nombres que han sembrado de ruina nuestras
costas.
La imaginería de TARANCÓN es absolutamente contemporánea,
está muy influida por la Barcelona más flamenca y ruidosa:
el Raval, sus plazas y muros decorados, su habitantes, su música...,
aunque el autor no olvida el marco político en el que se estructura
esta realidad. Si comparamos esta exposición con las anteriores,
nos llama la atención la evolución del artista desde unas
obras de contenido fantástico y onírico, expresadas mediante
una paleta casi monocroma y una composición abigarrada, hacia otras
más reales y políticas, más críticas con el
mundo y más conscientes del universo que las rodea.
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