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La fotografía
desde su invención, ha abarcado elementos tan dispares como la
imagen taxonómica de plantas, arquitectura, razas, paisajes, la
documentación social, el autorretrato, lo pictórico, la
objetividad, el imaginario dadá-surrealista, la subjetividad, etc.
Porque si existe una pregunta que la fotografía no cesa de hacernos
es la del Tiempo. No sólo el tiempo de lo que ha sido atrapado
por la fotografía, ni el del acto en sí, sino el tiempo
que no cesa de añadirse a la obra, la redobla y la transforma.
Existe, pues, una historia de las fotografías que también
es la historia de la manera en la que se cargan progresivamente de tiempo
y son transformadas por él, convirtiéndose unas veces en
obras de arte, otras en documentos.
Es esta la experiencia
del tiempo y la estrecha relación que mantiene con el espacio.
Si tratamos de ver la fotografía como un lenguaje que sirva para
interpretar la realidad y vincularnos a ella de una manera específica,
entonces la fotografía indudablemente irá más allá
de la técnica, a través de una incesante deconstrucción
del concepto original fotográfico como mero objeto reproductor
de la realidad.
Esto implica que vislumbremos
el corazón de la complejidad que existe en la temporalidad fotográfica.
La mirada consciente del fotógrafo nos desvía del uso nostálgico
y tradicionalista de la imagen, para concebir una relación con
el tiempo completamente distinta, "el no-tiempo", que de esta forma consigue
transmitirnos toda su inquietud.
Ernst Bloch transcribe
con esta reflexión el concepto de no-tiempo que Sorel Seele plasma
en sus imagenes fotográficas, este concepto de "no contemporaneidad"
que reconoce el sentido del tiempo dentro del tiempo, al igual que existe
"el tiempo fotográfico" que consiste en secuencias o series que
se utilizan para crear interrelaciones entre los signos fotográficos.
La imagen-signo que
transmite una elección y un juicio sobre la realidad, transformándola
en una realidad totalmente nueva, esta fragmentación del espacio
fotográfico, es denominado "tiempo fotográfico". Por lo
que el acto fotográfico se ha convertido para Sorel Seele en una
caja oscura mágica donde la mirada ejerce la función de
transformar la realidad y que denomina misterio abierto.
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