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"Ha sido preciso
un gran ocio en la estancia tranquila para miniaturizar el mundo."
(Gaston Bachelard)
Todas las cosas pequeñas piden lentitud. Los detalles se
descubren y se ordenan unos tras otros, pacientemente, en una labor de
búsqueda a la manera del botánico con su lupa; no hay que
olvidar que la atención es por sí misma un vidrio de aumento.
De esta manera lo grande surge de lo pequeño, no por la lógica
de una dialéctica de contrarios, sino gracias a la liberación
de todas las dimensiones.
La miniatura tiene la característica de que en ella los valores
se condensan y se enriquecen.
Las " miniaturas " de la imaginación nos trasladan de
paso a la infancia, a la participación en los juguetes, a la realidad
del juguete. La imaginación miniaturizante es una imaginación
natural; aparece en todos los siglos en los ensueños de todas
las personas. Si la vivimos sinceramente nos aisla del mundo ambiente,
nos ayuda a resistir el caos y la algarabía de lo exterior.
La miniatura es un ejercicio de frescor metafísico; permite mundificar
con poco riesgo. ¡Y qué reposo en este ejercicio del mundo
dominado!.. ¡Poseer de lejos nos da tanta tranquilidad!
La miniatura reposa sin adormecer nunca.
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