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"ORO Y VERDE"
es el título de la exposición de SANTI ERILL en LA XINA
A.R.T.
La muestra consta
de un grupo de trabajos fotográficos de gran formato, casi siempre
manipulados infográficamente y ampliados mediante sistemas digitales
o químicos.
A partir de la ironía
subyacente en el título, secuestrada entre los arquetipos de la
publicidad televisiva que han pasado a formar parte de los estratos, casi,
de cierto subconsciente colectivo (los "infraanuncios" de "Rondel"
al llegar la pesadilla navideña), SANTI ERILL aprovecha la ocasión
para raptar de su personal memoria plástica (1994-2002) aquellos
"flashes" -burbujeantes, lúdicos- que mejor reflejan
"mi relación con la mujer como objeto de amor y deseo, y como
sujeto o soporte de la belleza y el juego", según sus propias
palabras.
En esta relación,
que busca la hermandad, en principio inocente, entre una "estética
del juego" y una "estética del cuerpo", entre la
erótica del juego y el juego erótico, planea, no obstante,
un componente "perverso", anclado en nuestra memoria profunda,
más cercano, en cualquier caso, a la travesura infantil (decapitaciones
de muñecos-maniquíes, uso del cuerpo ajeno como escenario
de antiguos juegos de infancia, el guiño a la etapa de las calcomanías
y las alteraciones de rostros fotográficos impresos mediante adiciones
de gafas y bigotes...) que a lo estrictamente morboso.
Aunque bien es cierto
que cada una de las obras exhibidas parece desarrollar o decantar al fondo
de la copa elementos conceptuales más o menos específicos,
estos componentes lúdico-irónicos, al tiempo que dan cierto
aroma de unidad visual, primera, a la muestra, desencadenan a su vez una
serie de reflexiones de corte más profundo que también interactúan
y vinculan unas obras con otras.
Mediante una manipulación
ya no tan sólo plástica (la digital, que nos permite jugar
con apariencias y alterar realidades más o menos bellas), sino
de ideas, SANTI ERILL indaga, por ejemplo, acerca de la belleza y la perfección
estética, abrumadoras, que nos rodean.
Surge así
el atosigamiento, el hartazgo de "glamour" y de "fashion"
y la evasión mediante el juego. O bien, frente a los amores tatuados
a fuego y los cuerpos eternos, surge la perentoriedad de unas frases que
el tiempo borra y que ninguna operación estética camufla.
Ante el acelerado
discurrir de las cosas sólo nos queda el recurso a la seguridad
de nuestra guarida, hecha de recuerdos ya cauterizados, desde la cual
el artista lanza sus zarpazos.
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